¿Quién dijo Miedo?
Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo había un caballo que ningún jinete conseguía montar. Estaba muy nervioso, daba coces y descabalgaba a todos los que intentaban subirse a él. Cuando llevaron el caballo ante Alejandro Magno, éste intentó hacer lo que otros no habían hecho. Durante un largo rato observó al animal y descubrió que éste tenía miedo de su propia sombra. Alejandro dirigió la cabeza del caballo hacia el sol y la mantuvo en esta dirección hasta que el caballo se tranquilizó, luego pudo cansarlo y finalmente lo montó.
El miedo, como la sombra del caballo favorito de Alejandro Magno, es inherente al ser humano. Desde el principio de los tiempos, filósofos y maestros nos han hablado sobre el miedo. En la Torah judía y en el Antiguo Testamento encontramos varias referencias a ello: “Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro auxilio permanente en la desgracia, por eso no tememos”. En los mismos textos encontramos: “El señor es mi luz y mi salvación, ¿a quien temeré? El señor es mi fortaleza ¿Quién me hará temblar?”. Es decir, la receta propuesta por estas tradiciones, es que encontremos a Dios, y ese encuentro nos evitará cualquier miedo. En el Avadhut Gita hindú, encontramos reflexiones parecidas: “Por la gracia de Dios, los brahmanes, por encima de todos los hombres, son inspirados por una disposición a la no-dualidad, que les quita el gran temor”. En otras palabras, para hindúes, también bastaría con encontrar a Dios (no dualidad o unidad del sí con Dios) para evitar temores. Unos siglos más tarde, Siddharta Gautama “el buda”, iba más allá y declaraba que la principal causa de nuestros miedos son los deseos y el placer: “Menos aún existe el miedo para el que está libre del deseo y de placer, ése está libre del dolor y del miedo.”. Buda, también matizaba: “El sabio con una mente más allá de los juicios, observa y comprende: no tiene miedo”. En Grecia, unos pocos años más tarde, Aristóteles consideraba que el miedo es una reacción humana al anticipar un futuro incierto: “El miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal.” Casi tres siglos más tarde, en Roma, Tito Livio afirmó que nuestros miedos crecen con la ignorancia: “Se teme más a lo desconocido”. También en el contexto del imperio romano, un rabino de Nazaret, llamado Jesús, al enfrentarse a su muerte, sintió miedo: “Me encuentro abatido, pero ¿qué es lo que puedo decir? Padre, sálvame de lo que se me viene encima. De ningún modo, porque he venido precisamente a aceptar esta hora”. Es decir, Jesús de Nazaret nos propone vencer el miedo aceptando los designios del destino inspirados por nuestros valores. Durante la misma época pero en el otro lado del mediterráneo, Séneca, uno de los cordobeses más influyentes de todos los tiempos declaraba: “El que teme es un esclavo”. El célebre filósofo estoico, citando a Hecaton “Dejarás de sentir temores si dejas de desear”, reflexionaba sobre las causas de nuestros miedos: nuestras esperanzas. Según el sabio cordobés, en el presente no hay temor: “Las esperanzas van acompañadas del temor (…)Nadie es desdichado sólo por el presente”. Para Séneca, estar plenamente en el presente es vencer al miedo. Otro célebre filósofo estoico, Epicteto también nos advirtió de los peligros del miedo: “No hay que tener miedo de la pobreza ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte, tener miedo del propio miedo.”. Jiddu Krishnamurti nos animó a observarnos: “Al dar nombre a eso que llamáis miedo, lo fortalecéis, mas si podéis observar ese sentimiento sin nombrarlo, veréis cómo se debilita”. Y así conociéndonos, no temeremos:”Es decir, sólo es posible no tener miedo si hay conocimiento de uno mismo.” Krishnamurti también señaló que cuando experimentamos el amor desaparece cualquier miedo: “El amor es la ausencia de miedo”. Martin Luther King, uno de los líderes más eficientes e inspiradores de la humanidad, creía que el miedo era consecuencia de ser débil de espíritu: “Los individuos débiles de espíritu están invadidos por temores irracionales, que van desde el miedo al martes trece al gato negro que se nos cruza”, y para poder ser fuertes de espíritu, según Luther King, debemos encarnar una transformación espiritual interna “Sólo por una transformación espiritual interna adquirimos la fuerza para combatir los males del mundo”.
Observamos como todos los grandes sabios han dado recetas con forma aparentemente diferente pero rasgos comunes. Cuando las religiones hablan de conocer a Dios, nos hablan de conocernos a nosotros mismos. Este autoconocimiento, en términos más mundanos, puede proporcionar unos “valores”. Estos valores que se encuentran en nuestra esencia más profunda y que para los religiosos son Dios, serían el Amor y la Confianza, es decir lo que realmente nos importa. Según Buda, Jesús, Martin Luther King, Krishnamurti…etc, sólo desde el amor y la confianza en la vida podemos vivir totalmente plenos en el momento presente y evitar así cualquier miedo. Y así, guiados por el Amor, podremos al igual que el caballo favorito de Alejandro, ser capaces de desarrollar plenamente nuestro potencial.
Sobre el autor:
Víctor Gay Zaragoza es licenciado en Empresa Internacional por la Universitat Pompeu Fabra, practicioner en programación neurolingüística (PNL) por el Institut Gestalt, experto en el eneagrama de la personalidad y consultor de empresas.
Nacido en Barcelona en junio de 1982, es profesor del Master en Desarrollo personal y Liderazgo de la Universitat de Barcelona (UB) donde imparte clases sobre Historia y Práctica del Desarrollo Personal. También colabora con el CETR (Centro Estudios Tradiciones Religiosas) en el estudio de Textos Religiosos Antiguos para su aplicación en la sociedad actual y organizaciones humanas.
Como consultor de organizaciones se ha especializado en la dimensión humana. A lo largo de su carrera ha trabajado y colaborado para empresas como Accenture, Unilever, Heineken, Epson y Barry Callebaut entre otras.
